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El anillo

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Había una vez, un rey sabio y bueno, que se encontraba al final de su vida.

Cierto día, presintiendo la llegada de su muerte, llamo a su único hijo, que lo sucedería en el trono, saco de su dedo un anillo y se lo dio diciendo: Hijo mío, cuando seas rey, lleva siempre contigo este anillo. En el hay una inscripción. Cuando estuvieras viviendo situaciones extremas de gloria o de dolor sácatelo y lee lo que en el dice.

El rey murió, y su hijo pasó a reinar en su lugar, siempre usando el anillo que o padre le dejara.

Pasado algún tiempo, surgieron conflictos con un reino vecino, que culminaron en una terrible guerra.

El joven rey, al frente de su ejército partió para enfrentar al enemigo. En el fragor de la batalla, sus compañeros luchaban bravamente, teniendo muchas bajas entre muertos y heridos, con tristeza y dolor, el rey se acordó del anillo y leyó la inscripción:

ESTO TAMBIEN PASARA.

Y continuó la lucha. Perdió batallas, venció otras tantas, pero al final, salió victorioso. Retornó, entonces, a su reino y cubierto de gloria, entró triunfante a la ciudad. El pueblo lo aclamó. En ese momento el se acordó de su viejo y sabio padre. Sacó el anillo y leyó:

ESTO TAMBIEN PASARA.

Todas las cosas, en la Tierra, pasan...

Los días de dificultades, pasarán...

Pasarán también los días de amargura y soledad...

Los dolores y las lágrimas pasarán.

Las frustraciones que nos hacen llorar... un día pasarán.

La tristeza de un ser querido que se va de la mano de la muerte, pasará.

Los días de glorias y triunfos, en que nos juzgamos mayores y mejores que los otros... igualmente pasarán.

Esa vanidad interna que nos hace sentir como el centro del universo, un día pasará.

Los días de tristeza... Días de felicidad... Son lecciones necesarias que, en la Tierra, pasan, dejando en el espíritu inmortal las experiencias acumuladas. Si hoy, para nosotros es uno de esos días repletos de amargura, paremos un instante. Elevemos el pensamiento a lo Alto y busquemos la voz suave que nos dice cariñosamente esto también pasará...

Y guardemos la certeza, por las propias dificultades ya superadas, que no hay mal que dure para siempre.

El planeta Tierra, semejante a enorme embarcación, a veces parece que va a zozobrar frente a las turbulencias de gigantescas olas.

Sean guerras, intereses mezquinos, desvalores...

Mas eso también pasará, porque Dios no está ajeno de eso, y sigue con la mirada serena de quien tiene la certeza de que la agitación hace parte del rotero evolutivo de la humanidad, y que un día también pasará...

El sabe que la Tierra llegará a puerto seguro porque ese es su destino. Así, hagamos nuestra parte lo mejor que podamos, sin desmoralizarnos, y confiemos en Dios, aprovechando cada segundo, cada minuto que, por cierto... también pasaran..."


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